Significado de la Diosa Hécate

Significado de la Diosa Hécate

Hécate, la triple diosa

Resumen

Si hay algo que caracteriza a la cultura griega es, ni más ni menos, su riqueza mitológica, pues de ella nacen grandes epopeyas clásicas, cargadas de una importancia tal, capaz de inspirar construcciones, pinturas y esculturas aún en nuestros días.

La Mitología Griega no dista de otras culturas cuya creencia tiene un valor politeísta y patriarcal, donde Zeus, Poseidón y Hades rigen sobre la tierra, el cielo, el mar y el inframundo, aun así, es común encontrar a otros dioses siendo venerados en la región de Grecia por sus aportes a la humanidad o sus facultades sobre la naturaleza, es aquí donde encontramos una figura fuera de lo convencional, representada con tres rostros y llamada con distintos nombres, Hécate.

Introducción

Si bien las deidades pertenecientes a la mitología griega son bastas, regularmente suele enaltecerse a 12 seres olímpicos, tan magníficos como peculiares, entre los cuales encontramos una clásica trinidad masculina regente y suprema, Zeus, Poseidón y Hades, quienes, tras derrocar a su padre Cronos, se reparten los reinos correspondientes a la tierra, el cielo, los mares y el inframundo, dejando así un rol específico a sus descendientes y subordinados para el correcto funcionamiento del mundo.

Entre los varios relatos encontramos elogiados dioses de todas las índoles, desde Atenea, hija de Zeus y Metis, la hija prodiga del dios de dioses, Diosa de la sabiduría, nacida con una lanza y una armadura ceñida al cuerpo, venerada en múltiples ciudades y glorificada por los héroes de la antigua Grecia; hasta Dionisio, hijo de Zeus y Sémele, nacido prematuro y resguardado en el muslo de su padre, Dios del vino y regularmente causante de problemas, venerado en lugares más allá de Grecia, homenajeado en múltiples fiestas y rituales. Ciertamente los dioses olímpicos, aunque glorificados, no son los únicos seres que poseen cualidades particulares o que son venerados en el mundo de los hombres, aunque claro, suelen ser los más significantes y conocidos gracias a los textos que han sobrevivido el pasar del tiempo.

La cultura pop ha permitido a personas de todo el mundo adentrarse en los rasgos más significativos de la cultura griega gracias a las películas, los libros y las bellas artes, pero conforme más nos sumergimos en su historia, mas podemos apreciar la gran diversidad que existe en sus personajes mitológicos, encontrando individuos tan disimiles de los que regularmente se hallarían en los cuentos de hadas y en los libros de texto. Entre estos personajes se encuentra Hécate, actualmente conocida como la Triple Diosa, madre de brujas y reina del inframundo, una personalidad tan escondida como importante para la mitología clásica, pues es ella quien ayuda a algunos de los héroes más importantes a sobrellevar sus aventuras y cuyo culto ha trascendido las barreras geográficas y lingüísticas a tal grado de encontrarse rituales y veneraciones a ella en distintas partes de Occidente.

 De hija de titanes a madre de brujas

Hécate era una titánide, hija de Perses y Asteria, y nieta de Ceo y Febe (Hesiodo: S. VIII a.C.), de la que se considera su nacimiento en alguna región de Asia menor. Aunque sus verdaderos orígenes, al igual que Dionisio, aún son debatidos por historiadores y antropólogos, lo único claro es que Hécate se convierte en la re-personificación de Febe y por tanto en la representación primordial de la luna y la sabiduría.

Tras la Titanomaquia, fue la única que ganó el favor de Zeus al ayudarle a derrotar a los demás titanes, siendo bendecida con grandes regalos y cortesías por parte del Dios Olímpico, Hesíodo cuenta que entre todos los dioses era honrada, permitiéndole así andar sobre la tierra y el mundo de los muertos con total libertad, posteriormente también participó en la Gigantomaquia, donde todas sus bendiciones y favores le fueron magnificados. Es posible encontrar algunas representaciones de la diosa en vasijas de cerámica, mejor conocidas como cráteras, pintadas con la representación de la diosa usando dos antorchas en plena batalla o ayudando a los dioses y mortales en diversas situaciones.

“Y Asteria, que se quedó en cinta, parió a Hécate, a quien honró entre todas Zeus Crónida. Y le otorgó, como legado ilustre, que mandara en la tierra y en el mar estéril. Ya le fue otorgado este don por Urano estrellado, y era muy honrada por los Dioses inmortales […] Cuantos honores recibieron de la Moira los hijos de Gea y de Urano, los posee Hécate también, porque el Crónida no le arrebató el poder o ninguno de los honores que ella poseía bajo los antiguos Dioses Titanes, sino que ella posee cuanto le fue otorgado al principio y es más poderosa todavía, porque la honra Zeus” (Hesíodo: 26)

Hécate se muestra en los relatos clásicos como un ente benefactor que constantemente ayuda a los dioses y héroes en sus travesías. Es, según los himnos homéricos (S. VII a.C), quien ayuda a Deméter a encontrar a su hija Perséfone, guiándola entre la oscuridad, por los bosques y caminos más tenebrosos hasta la entrada del inframundo, y finalmente es quien le brinda compañía a la diosa de la primavera Kore/Perséfone tras ser desposada por Hades y verse obligada a volver al inframundo cada seis meses.  

Aquí encontramos la primera relación directa de la diosa con el mundo oscuro, las tinieblas y la muerte, refiriéndose a ella como la Deidad que guía las almas, representándola principalmente con dos antorchas,            acompañada de perros negros, describiéndoles como guardianes protectores, feroces y peligrosos, algunos sugieren que dicho canino es Cerberos el guardián del inframundo y otros se refieren a una jauría guiada principalmente por una hembra canina. En ocasiones, también la encontramos sosteniendo una serpiente, evocando a la magia y siendo objeto de rituales para invocar espíritus.

Con el tiempo y, gracias a estos relatos, los viajeros comenzaron a rendirle culto para que los guiara por el camino llamándola Diosa de las encrucijadas, mientras que las madres la llamaron la Diosa de los partos, a la que invocaban para el alivio de los dolores al momento del alumbramiento y la guía de los hijos en el crecimiento (DK, 2018).

“El Crónida la hizo nodriza de todos los hombres que, después de ella, vean con sus ojos la luz de la chispeante Eos” (Hesíodo: 28)

Al ser una divinidad capaz de surcar a su placer la tierra, el cielo, los mares y el inframundo, se le atribuyó el rol de creadora y destructora, de sanadora y devoradora, siempre con un aspecto de tres formas, razón por la cual es mejor conocida como “La Triple Diosa”. Originalmente los antropólogos consideraban la imagen de Hécate como una diosa vinculada a las Carites, también conocidas como las Tres Gracias, diosas de la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y el encanto, ya que la primera escultura que la representa, hecha por Alcámenes en el siglo V a.C., la muestra como tres mujeres rodeando un pilar, sin embargo, se creía también que esta imagen simbolizaba el himno de Deméter —donde ella se encontraba con su hija guiada por la titánide—, representando así la juventud como koré (doncella joven), la vejes/anciana como Hécate y la madre/mujer madura como Deméter. Eventualmente tras la reinterpretación y estudio de varios relatos fue posible identificarla como un solo ser con una apariencia triple. Algunos la representaban con tres cuerpos yuxtapuestos y otros solo con tres rostros, pero siempre con el aspecto de una mujer/madre, una anciana y una joven. Al ser una deidad lunar, era simbolizada con las tres fases lunares: Luna menguante, Luna llena y Luna Creciente, representando así la transición del ser humano por la tierra: nacimiento, juventud y vejez.

Hécate es, en cierto modo, la contraparte de Artemisa, otra diosa lunar del panteón griego, pero a diferencia de la diosa olímpica, la titánide gozaba de mayores libertades y dones, representándola con cuatro objetos distintos: la daga, el látigo, la antorcha y la llave, otorgándole aún mayor renombre y capacidad de interferir en el mundo de los hombres (Cirlot, 1995).  También cuenta con una amplia gama de significantes, que en su mayoría aluden a las bondades y maldades de la noche, por lo que sus ritos y símbolos con los que se ve representada hacen referencia a ello.

“Paralelamente a la asociación del Sol con Apolo, se registra una tendencia a asimilar la Luna con Artemis. Además de esta igualación, hay otros intentos de identificarla con otras divinidades ctónicas como Hécate o Perséfone. Dentro del círculo de Hécate, la Luna tiende a relacionarse con los conjuros y ritos mágicos nocturnos” (Pajares, 1978; 305)

Encontramos múltiples similitudes entre las deidades dedicadas al poder lunar, entre los cuales destaca la virginidad y la pureza sexual. De Hécate no se encuentran indicios concretos que refieran a alguna descendencia o amorío y las alusiones que se hacen referente a entidades como Medea o Circe están ligadas a sus dones de hechicería y magia, por ello posteriormente recibió el nombre de Madre de las brujas, puesto que las hechiceras y sacerdotisas que la adoraban, la invocaban en busca de conocimientos sobre la magia, los espíritus y el más allá. A su vez, se encontraron indicios de rituales en los cuales escribían sus deseos sobre tablillas y las colocaban en lugares donde se creía habitaban almas en pena, para que éstas entraran en las tablillas e hicieran funcionar los hechizos (King, 1987: 16). También, en el relato de los Argonautas (S. VI a.C.), se menciona que Hécate hacía presencia para ayudar a quien la invocara con rituales que hoy todos podemos apreciar gracias a la magia del cine.

“[…] cuando la noche lo envuelve todo en su manto, Jasón solo, se dirige a un prado donde Argos […] había llevado de antemano la oveja escogida para el sacrificio, la miel y la leche. Sumerge el mancebo su cuerpo en la linfa del río […] excava un hoyo al que da la hondura precisa, degüella la oveja, hacina la leña en el fondo y prende fuego. En seguida modula las preces rituales e invoca a la terrible Hécate […]” (Rodas: 86)

Ciertamente hace referencia al gran poderío que la diosa tiene sobre la naturaleza, acusándola de terrible pues con su presencia, todos los animales huyen o callan, la tierra resuena y las plantas le abren el camino. Sus principales lugares de culto se encontraban en Lagina y Tracia (Thrace), ambas ciudades griegas, donde aún encontramos rastros de su culto y particularmente podemos apreciar los vestigios del Templo de Hécate. Se creía que las mujeres más devotas a ella tenían la capacidad de “bajar la luna” e implementar el poder de las fuerzas lunares, también se decía que tenían la capacidad de transformarse en pájaros u otros animales y poseían un conocimiento siniestro sobre las hierbas, tanto venenosas como afrodisíacas.

Sus adoradores le rendían homenajes, rituales y cultos para honrarla, regularmente la noche en que aparecía la luna nueva. Uno de estos rituales es la proclamada “Cena de Hécate”, donde sus devotos le ofrecían comida, dejándola en los cruces del camino y en las entradas de las casas, junto a una vela o pequeña antorcha encendida, con lo cual buscaban la protección y bendición de la diosa. Otro ritual, un tanto más oscuro, era el sacrificio de cachorros, llevado a cabo principalmente por hechiceros y entusiastas de la magia, solicitando así bendiciones o favores de la diosa.  También se relata un festival anual en honor a la diosa, el cual cada cuatro años ostenta una importancia mayor, conocida como La Fiesta Cuaternal de Hekatesia, celebrada desde el año 81 a.C. (Büyüközer, 2006). En dicha festividad, las jovencitas llevaban llaves desde la ciudad de Lagina hasta Stratonikeia y de regreso, dejándolas en el centro del templo y celebrando una ceremonia al finalizar, representando así el viaje, el camino y las llaves que permiten la entrada al inframundo.

Con el tiempo y la expansión del Imperio Romano, el culto a Hécate tomó una nueva forma como pilar de la hechicería y cuyo simbolismo lunar permaneció, fortaleciéndose posteriormente con el dominio romano, siendo venerada como madre de brujas en otros páramos culturales, a tal grado de encontrar múltiples ritos dedicados a ella desde la cultura celta hasta la protestante tachada de tintes paganos.

La Triple Diosa es considerada actualmente un símbolo de feminidad empoderada, venerada principalmente en rituales de índole natural, las costumbres de parteras americanas y afrodescendientes no deja exento este simbolismo ligado a algunos rituales de “brujas parteras” donde se colocan tijeras en la puerta y en las ventanas, así como imágenes de santos para evitar que otra bruja se robe a los recién nacidos y proteger a la madre en el alumbramiento, el cuchillo con el que cortan el cordón umbilical simboliza la daga sagrada y la vela para alumbrar simboliza la antorcha que guía el camino. Hoy en día podemos apreciar la veneración de Hécate principalmente en rituales Wicca modernos que enaltecen la magia entre el mundo natural y espiritual (Farrar, 1996).

Curiosamente, en el Diccionario Infernal escrito por Collin de Plancy, describe a la diosa triple como una entidad más maliciosa que benigna, habla de ella como la diablesa que preside en calles y callejones —aludiendo a la prostitución que en su época ya era moralmente mal vista—. Guardiana de los caminos del Infierno; con aspecto de tres caras; la derecha de caballo, la del medio de mujer y la izquierda de perro. También menciona que representa en si misma a tres entidades distintas: “entre los antiguos adquiría tres personalidades: Diana, en la tierra, Proserpina, en el Infierno y Luna en el cielo. Son las tres fases de la luna.”

En el libro de “Historias sobre brujas y demonios” escrito por Francis King, se habla de la fuerte relación que tiene Hécate con los entes demoniacos, la enaltece en gran medida como diosa demonio de tres cabezas, como ente madre de brujas y hechiceros nacidos en Tesalia, otra ciudad griega, como símbolo de oscuridad, muerte, sexualidad y brujería, aunque parte de su descripción alude más a una maldad ligada a la demonología renacentista, y los medios de invocación que implementa están igualmente vinculados a este sentido malicioso y demoniaco.

“Infernal, Terrenal y Celestial, diosa de las encrucijadas, luz que nos guía, Reina de la noche, enemiga del sol, amiga y compañera de las tinieblas, a ti, a quien complace ver la sangre, tú que vagas entre las tumbas en las horas de la oscuridad, sedienta de sangre y del terror de los mortales; Gorgo, Mormo, luna de cien formas cambiantes […]” (King, 1987)

Sin duda alguna, es clara la reinterpretación que ha alcanzado el simbolismo de la diosa griega en la actualidad, encontrando frecuentemente la misma base semántica, pero con connotaciones totalmente contrarias, entre la bondad y la maldad, entre la divinidad y lo demoniaco, consiguiendo así más adeptos y prevaleciendo entre la mitología y el culto.

Conclusión

La mitología está llena de grandes personajes, y Hécate es una de las más impresionantes ya que su figura ha trascendido en un contexto totalmente fuera de lo convencional aún para los dioses del mundo clásico, su simbolismo es una clara muestra del poder que ejerce la semiótica dentro de distintas culturas, transformándola en un ente capaz de contener significados contrapuestos en sí misma.

Aun cuando sus atribuciones son mencionadas de forma secundaria en los relatos clásicos, su culto ha permeado en la historia y en distintos paramos culturales, creando así nuevos significantes ligados a rituales específicos para cada una de sus bendiciones y maldiciones, ganando adeptos no solo en la hechicería y la magia, si no en los amates de la literatura y la historia. Aun así, sin importar el autor o el año en el que se hable de esta divinidad, encontraremos siempre el mismo vínculo que la ata a la noche y a la oscuridad: la Luna.

Fuente: enpoli.com.mx

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